Acaba de terminar la tercera temporada de, a juicio de muchos, una de las mejores producciones nacionales del último tiempo, "Los 80" esta vez con un último capítulo de infarto, esperado por el público como hace mucho no pasaba con un producto audiovisual criollo.Emoción, tensión y ansiedad eran los sentimientos con los que esperamos el término de temporada, el cual concentró el desenlace de muchas de las grandes historias que hizo remecer la estabilidad de la familia Herrera y sus más cercanos, sin dramatismo extremo y bajo un contexto realista, fuimos testigos una vez más de un producto de alta calidad que removió más de un recuerdo de aquella época.
Muchos criticaron la supuesta politización de la serie, pero como no hablar de política en una producción que retrata los años 80 de nuestro país, es imposible no hacerlo, el mérito está que desde la primera temporada ha mantenido un equilibrio ideológico, sin inclinarse hacia ningún extremo, sino tratando de retratar los acontecimientos de la manera más fiel posible, con los pro y contra, con personajes que apoyan ciegamente un extremo como Don Genaro (Fernando Farías) y con detractores de este como Gabriel (Mario Horton) cada uno con sus válidas razones, dejando al espectador verse identificado y retratado en aquella época, mostrando a las nuevas generaciones el cómo se vivió en esos años, más allá de la moda, sino que desde un contexto real y cotidiano, tocando temas que aún nos dividen, pero hay que mostrar y sin darnos cuenta, ponen un tema de discusión en la mesa, un tema que muchos quieren obviar, pero que hay que tratar para que como país podamos seguir avanzando.
Esta temporada, como las anteriores, supo conectarse con la audiencia desde las vivencias y sentimientos, comenzó con un hecho que nos marcó como país, como fue el terremoto del 85, coincidentemente reviviendo la tragedia de comienzos de este año, mostrandonos que en esos acontecimientos, muchas cosas no cambian a pesar del transcurso de los años. Nos mostró además nuevas experiencias de cada uno de los personajes, la independización económica de Anita (Tamara Acosta) una eterna dueña de casa que descubre el mundo laboral y las concecuencias de este radical cambio; Las dudas de Juan (Daniel Muñoz) quien junto con la independización de su esposa, el desgaste en la relación y la llegada de Mónica (Berta Lasala) una atractiva vecina en su trabajo, siente la curiosidad y tentación de ser infiel, además de cerrar un ciclo pendiente que tenía con su padre; Claudia (Loreto Aravena) fue fiel a sus sentimientos e ideologías para con Gabriel y la política respectivamente, exponiendose a impensados peligros; Martín (Tomás Verdejo) luego de los grandes dramas que vivió en la pasada temporada, esta vez le tocó vivir un lado más agradable, reencontrarse consigo mismo, descubriendo su real vocación, un mundo juvenil de la época, el amor y término de su virginidad con Paola (María Lara) y la sorpresiva aparición del padre de Bruno (Pablo Freire) generando un quiebre en la relación de Nancy (Katty Kowalezcko) y Exequiel (Daniel Alcaino) y un leve distanciamiento del pequeño con su amigo Félix (Lucas Escobar) además de la ternura de la pequeña Anita (Estrella Ortíz) y los momentos de comicidad de Don Genaro y su leal sobrino Petita (Diego Navarrete) quienes hacen reir y suavizan los conflictos de la serie.
Mis felicitaciones a Canal 13, al Productor Ejecutivo Alberto Gesswein, al guionista Rodrigo Cuevas, al Director de arte Rodrigo Bazaes, al creador Boris Quercia y todo el equipo que realiza esta serie de gran calidad, una obra de arte, uno de los mejores productos en años, esperamos con ansias la siguiente temporada.














