"Todo tiempo pasado fue mejor" Frase que muchos difunden, ya que hace tiempo vengo escuchando y leyendo lo mucho que el público anhela ver teleseries como las de antes, con elencos grandes, tramas sociales, paisajes atractivos, opening y más, pero los tiempos han cambiado, el público cambió, los riesgos son más altos, la competencia aumentó y como resultado también hubo un cambio en las teleseries.
La inversión para una teleserie no es menor y cuando la audiencia no la acompaña, los auspiciadores son menos y esa inversión no se recupera, convirtiendo el producto en una apuesta riesgosa, más aún que el comportamiento del público varió con la llegada de internet, la masificación del cable, el transantiago, las horas extras, la inserción de la mujer al mundo laboral, la llegada del control remoto, el gimnasio, los Happy Hours, las variadas ofertas programáticas y otros factores que hicieron que la tradición de ver teleseries se diluyera, por lo que para conquistar al público y no arriesgar tanto, los canales decidieron hacer teleseries más comerciales y de bajo costo.
El público de las 20 horas ahora es principalmente infantojuvenil, escolares que ante la ausencia de sus padres, quienes están el el trabajo, son en su mayoría los que toman las decisiones con el control remoto, lo cual quedó demostrado con las miniseries de Mekano y luego de Yingo, producciones simples y enfocadas para aquel nicho, lo cual fue imitado por los canales tradicionales, quienes comenzaron a hacer teleseries de tramas más sencillas, con menos inversión y con una visión más comercial, teniendo la comedia como género principal, muy al estilo de las teleseries colombianas (Yo Soy Betty la Fea) y argentinas (Cebollitas) dejando con ello la identidad país que impregnaron y encantaron en los años 90.
La actual propuesta fue aceptada, lo cual provocó un renacer del horario vespertino que ha sido mermado con extensos resúmenes de capítulos que terminan agotando, horarios que cambian y que ya no hay descanso en los meses de verano como antaño; No obstante esto no ha dejado de ser un desafío para los canales, ya que la comedia es difícil, más aún para un público algo infiel como suele ser el juvenil, por lo que lo logrado hoy en teleseries es meritorio.
Las teleseries de antes dejaron huella y se extrañan, quizás va a ser difícil ver algo similar, pero las esperanzas aún existen, volver a tener teleseries típicas, con un sello chileno es el ideal, retomar el rumbo creado, reencantar al espectador, poco a poco los canales pueden hacerlo, aunque es difícil descontinuar esta producción que se ha generado sin parar, ni siquiera para replantearse los contenidos, Mega tiene una gran oportunidad para crear una identidad propia y como dijo el Puma "A veces, hay que escuchar la voz del pueblo" y lo que el pueblo quiere son teleseries que nos identifiquen, nos entretengan y nos hagan sentir orgulloso del producto audovisual.
La inversión para una teleserie no es menor y cuando la audiencia no la acompaña, los auspiciadores son menos y esa inversión no se recupera, convirtiendo el producto en una apuesta riesgosa, más aún que el comportamiento del público varió con la llegada de internet, la masificación del cable, el transantiago, las horas extras, la inserción de la mujer al mundo laboral, la llegada del control remoto, el gimnasio, los Happy Hours, las variadas ofertas programáticas y otros factores que hicieron que la tradición de ver teleseries se diluyera, por lo que para conquistar al público y no arriesgar tanto, los canales decidieron hacer teleseries más comerciales y de bajo costo.
El público de las 20 horas ahora es principalmente infantojuvenil, escolares que ante la ausencia de sus padres, quienes están el el trabajo, son en su mayoría los que toman las decisiones con el control remoto, lo cual quedó demostrado con las miniseries de Mekano y luego de Yingo, producciones simples y enfocadas para aquel nicho, lo cual fue imitado por los canales tradicionales, quienes comenzaron a hacer teleseries de tramas más sencillas, con menos inversión y con una visión más comercial, teniendo la comedia como género principal, muy al estilo de las teleseries colombianas (Yo Soy Betty la Fea) y argentinas (Cebollitas) dejando con ello la identidad país que impregnaron y encantaron en los años 90.
La actual propuesta fue aceptada, lo cual provocó un renacer del horario vespertino que ha sido mermado con extensos resúmenes de capítulos que terminan agotando, horarios que cambian y que ya no hay descanso en los meses de verano como antaño; No obstante esto no ha dejado de ser un desafío para los canales, ya que la comedia es difícil, más aún para un público algo infiel como suele ser el juvenil, por lo que lo logrado hoy en teleseries es meritorio.
Las teleseries de antes dejaron huella y se extrañan, quizás va a ser difícil ver algo similar, pero las esperanzas aún existen, volver a tener teleseries típicas, con un sello chileno es el ideal, retomar el rumbo creado, reencantar al espectador, poco a poco los canales pueden hacerlo, aunque es difícil descontinuar esta producción que se ha generado sin parar, ni siquiera para replantearse los contenidos, Mega tiene una gran oportunidad para crear una identidad propia y como dijo el Puma "A veces, hay que escuchar la voz del pueblo" y lo que el pueblo quiere son teleseries que nos identifiquen, nos entretengan y nos hagan sentir orgulloso del producto audovisual.
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